miércoles, 18 de enero de 2012

Teorema de una sonrisa





A sonreír se aprende habiendo llorado mucho. 
Cuando te suena demasiado cualquier principio. 
Cuando deja de sorprenderte cualquier final.
A sonreír se empieza cuando se aprende a soñar flojito. En inefable. Pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar y a todos tus sueños les acabará saliendo una arruga.
Pero hoy no quiero hablar de sueños ni de ilusiones, sino de sonrisas. Y hay muchísimas maneras de estirar la boca.
Para empezar, uno puede sonreír para sí mismo o puede sonreírle a otro. Se trata de sonrisas totalmente distintas, sobretodo porque mientras la primera es por donde se escapan ideas alegres y recuerdos, la segunda constituye el símbolo universal de la complicidad.
A partir de ahí, todas las demás.
Sonrisas de idiota y sonrisas de listillos. Sonrisas falsas, sonrisas malignas, sonrisas tímidas, arrogantes, sonrisas payasas y sonrisas desesperadas. Sonrisas que invitan a un primer paso y sonrisas que declinan toda invitación. Sonrisas verticales, horizontales, de medio lado y hasta en diagonal.
Para cualquier otra expresión física, hay que tener muy en cuenta cuando se manifiesta. Para la sonrisa, no.
Da igual la situación en la que te encuentres, una sonrisa bien dibujada siempre te va a ayudar, a ti y seguramente a todos los demás también.
Para terminar. No confundirse. Sonreír no tiene nada que ver con reír, simplemente comparten letras.
La sonrisa crece. La risa estalla.
La sonrisa calla. La risa berrea.
La sonrisa escucha. La risa habla.
Pero si se puede sonreír incluso mientras se llora. Con eso está todo dicho.
De cualquier modo, lo que realmente me fascina del acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda y lo gratis que es.
Lo bien que conozco el teorema.
Lo poco que me lo sé.


Por más sonrisas y menos dolores.
Por más felicidad y menos tormentos.
Porque todo lo bueno, se puede contener en un recipiente pequeño.
Una mueca, una expresión cálida. Una sonrisa contiene todo lo especial de este mundo.



Sacarla a pasear más a menudo. Que se cansa de estar encerrada.





                                Porque la sonrisa de un ser querido es el mayor regalo

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